Al
hojear el último Boletín Discoplay, en la página 67, aparece, entre las
banderas de Europa, la “senyera catalana” a la que se atribuye un origen
relacionado con la leyenda del conde de Barcelona Wifredo el Velloso y el
emperador francés Carlos el Calvo. Nada más lejos de la realidad, relato
descartado desde hace años, que en la actualidad lleva a interpretaciones
sectarias interesadas para el que desconce la historia o no le conviene
admitirla.
Es
sabido que esta leyenda es copia de otra parecida de 1492 del autor castellano
Fernando Mexía que narra la misma historia entre el rey Fernando III y su
caballero, pero con la diferencia de que le marca con sangre tres dedos en vez
de cuatro.
En
el siglo XVII, el autor Diego, se da cuenta de que Beuter había cometido un
grave error en su relato. Ludovico Pío había muerto antes de que Wifredo fuese
conde, por lo que sustituye a Ludoovico Pío por Carlos el Calvo, contemporáneo
de Wifredo.
La
historiografía catalana ya en el siglo pasado desmontó la invención literaria,
a raíz de los trabajos de Sants y Barutell (1832), de los Bofarull entre 1836 y
1910, de Pi y Arimón (1854) y otros que no fueron precisamente profetas en su
tierra.
Las
barras rojas o palos de gules sobre fondo de oro siempre han ido unidas al
primer y principal título de los soberanos de la Corona de Aragón (el de rey de
Aragón). Aragón es el nombre de la
familia propietaria del emblema, el apellido.
Todos los reyes llaman a las barras “Nuestra señal Real”.
En
1137, Ramiro II, rey de Aragón, desposa en Barbastro a su hija doña Petronila
con el conde de Barcelona Ramón Berenguer IV, que se convierte de esta forma en
príncipe de Aragón, es decir, miembro de la Casa de Aragón. Pero nunca fuerey, título que mantuvo su
suegro hasta su muerte y que luego toma doña Petronila hasta la mayoría de
edad (12 años) de su hijo, el futuro
Alfonso II.
El
rey Alfonso II, nacido en Huesca en 1157, fue el primer rey de la Corona de
Aragón, título que heredó de su madre la reina doña Petronila. No lo hereda de
su padre que era “sólo” conde de Barcelona. No se puede legar algo que no se
posee. Por lo tanto, Alfonso II usó como
emblema, escudo, blasón y estandarte la señal real, las cuatro barras rojas
sobre fondo amarillo, que utilizó además para deshacer su vasallaje ante el
emperador galo, acreditando así su condición real. No toma, sin embargo, como principales, las
armas del condado de Barcelona que son una cruz roja sobre fondo blanco.
Las
cuatro barras o palos pueden tener, según los estudios más recientes, origen
pontificio.
Sancho
Ramírez (1063-1094), segundo rey de Aragón, se hizo vasallo del Papa Gregorio
VII y utilizó como propios los sellos y lemniscos (cintas) de los documentos
vaticanos que están compuestos de hijos rojos y amarillos, para distinguirse
entre los demás reyes peninsulares y europeos.
Todos
los territorios que formaron la Corona de Aragón (que nunca se llamó Corona de
Barcelona ni tampoco Corona de Cataluña) tienen
pleno derecho histórico al uso de las barras, distintivo inicial de sus comunes
soberanos.
Recomiendo
la lectura del libro “Blasón de Aragón” (DGA, Zaragoza 1995) escrito por los
profesores Guillermo Fatás y Guillermo Redondo.José Carlos Garcés Barón.

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